Reflexiones sobre el uso actual y evolución de la identidad digital

La identidad digital cobra cada vez más protagonismo en el mundo actual. Como indicaba Mariona Campmany citando un diario, «cuando todo cambia, el que cambia casi siempre gana; y el que no cambia, siempre pierde». No podría ser más cierto. Las empresas necesitan adaptarse rápidamente no solo a la evolución habitual en el entorno digital, sino que tienen que ser capaces de dar respuesta ante situaciones excepcionales como la pandemia de COVID-19 y su impacto en el uso de canales online.

Por este motivo, el pasado mes de julio Mitek organizó un expert panel virtual donde se debatió sobre la identidad digital, cómo la situación actual ha influido en su adopción y uso, y cuál es el papel de usuarios y de empresas en su evolución tanto inmediata como a medio y largo plazo.

En este post os presentamos las principales ideas y conclusiones que aportaron los participantes: Mariona Campmany, Ignacio Cobisa, Albert Llorent, Xavier Codo, Anna Olsina y Fernando García-Quismondo.

Entendiendo la identidad digital hoy en día

El factor clave en la identidad digital es, por supuesto, el usuario: ¿Cómo percibe su identidad digital, cómo la utiliza y para qué?

Los expertos están de acuerdo en que el confinamiento derivado de la pandemia ha disparado las cifras de uso de la identidad digital, incluso entre perfiles de usuario poco habituados a los canales online. Sin embargo, también indican que no hay suficiente conocimiento entre los usuarios de lo que es realmente la identidad digital, y especialmente de su gestión.

El usuario es consciente de que los datos específicos que proporciona sirven para identificarlo a la hora de realizar una transacción, pero no de que cualquier actividad o información en, por ejemplo, redes sociales, conforma también su identidad digital, no es consciente de toda su dimensión.

Es cierto que escándalos como el de Cambridge Analytica y Facebook en el 2017 han cambiado la percepción del usuario sobre las redes sociales y lo han hecho más cauto, pero todavía queda mucho camino por recorrer.

Comodidad y seguridad, ¿Cómo va el pulso?

Los usuarios de identidad digital siguen estando muy preocupados por la seguridad de sus datos, pero al mismo tiempo exigen una excelente experiencia de usuario, por lo que las empresas siguen buscando el perfecto balance entre ambas.
Sin embargo, como comentan los expertos, la preocupación de los usuarios por la seguridad de sus datos depende en gran medida del tipo de datos. Por ejemplo, en el caso de datos financieros e información médica, la preocupación del usuario está a niveles del 75%, mientras que en el caso de redes sociales baja hasta el 25%. Esto nos muestra que la identidad digital no se percibe como única e integrada.

Además de seguir afinando la fórmula entre seguridad y experiencia: Las empresas deben encontrar la forma de "molestar" lo mínimo posible al usuario, es decir, solicitar únicamente los datos que sean necesarios, y buscar la forma de capturarlos sin pedirlos al usuario, para solo tener que validar si estos son reales.

Otra idea interesante que se desarrolló fue el auge del fraude online y los ciberataques, tanto por parte de bandas profesionalizadas con técnicas más sofisticadas, como por aficionados que realizan burdas falsificaciones, las más fácilmente detectables. Sin embargo, los expertos están de acuerdo en que, a pesar de este aumento de ciberdelitos relacionados con la identidad digital, las tecnologías son cada vez más seguras, y además la inversión de las empresas en esta área es cada vez mayor.

Los viejos hábitos y la reticencia hacia tecnologías innovadoras

Los consumidores se aferran a viejos hábitos que consideran más fiables, como passwords o documentos físicos, en vez de tecnologías más seguras como la biometría. Esto supone un riesgo extra, ya que el usuario acaba utilizando el mismo password para acceder a diferentes servicios y canales, por lo que una brecha en una de las empresas compromete gran parte de sus datos.

Los expertos señalan que el usuario también debe ser consciente de su parte de responsabilidad sobre la seguridad de su identidad digital, y para ello es necesario que la entienda en toda su dimensión e implicaciones. Por ejemplo, la medida de obtención de datos en el Social Engineering se basa precisamente en una falta de precaución del usuario en redes sociales.

La necesidad de educación, transparencia y confianza

Aunque los expertos están de acuerdo en que las empresas tienen un papel destacado y relevante en la transparencia e información respecto al uso de los datos y de la identidad digital, como ya hemos comentado, la responsabilidad debe ser compartida entre los usuarios y quienes regulan a nivel normativo el uso de la identidad digital.

Lo cierto es que hay empresas y sectores que generan más o menos confianza en el usuario. Por ejemplo, los usuarios tienden a desconfiar más cuando una entidad bancaria les pide identificarse por biometría, pero la aceptan con menos reservas si la funcionalidad la implementan Apple o Google. En este sentido, este tipo de grandes empresas tendrán un papel destacado a la hora de popularizar nuevas tecnologías como la biometría.

Mirando hacia el futuro: Tendencias 2020 en identidad digital

Blockchain, wearables, IoT..., estas tecnologías marcarán el futuro inmediato de la identidad digital. Pero hay una idea clave en la que se debe trabajar: La protección del teléfono móvil, que se ha convertido en una potente herramienta de uso y gestión de nuestra identidad digital, pero que es a día de hoy muy vulnerable a ciberataques.

Al final, debemos entender que en la identidad digital inciden diferentes factores: cumplimiento, confidencialidad, contexto y ciberseguridad. Se debe asegurar el viaje integral, no solo los datos en sí.

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