Qué nos ha enseñado el #MWC17 sobre el futuro de la identidad digital

El pasado jueves 2 de marzo cerró sus puertas el MWC17, quizás una de las ediciones más futuristas, donde se han presentado las últimas tendencias en realidad virtual y aumentada, robótica, IoT, nanotecnología, conectividad, y por supuesto mobile.

En ICAR tuvimos la gran suerte de contar con cuatro expertos del sector Fintech y Telcos, que se unieron en nuestro expert panel para discutir las últimas tendencias en onboarding digital y verificación de la identidad del cliente.

Xavier Codó (CEO de ICAR), Josep Grau (Digital Innovation en CaixaBank), Xavier Anglada (CEO de CashCredit), Fernando García-Quismondo (Tecnología Corporativa en Grupo Santander) y Óscar Mancebo (Senior Product Manager y Responsable de ‘Mobile Connect’ en Grupo Telefónica) nos dieron algunas de las respuestas al futuro de la identidad digital.

Del yo físico al yo digital

La necesidad de conectar el yo físico con el yo digital es cada vez más evidente, tanto para mejorar la experiencia de usuario como para aumentar la seguridad de las relaciones digitales. Pero, ¿qué es la identidad digital? El hecho es que probablemente no tenemos una sola, sino varias. Así, el reto no es unificar las identidades digitales en una sola para identificar mejor al usuario, sino conectar todo el contexto digital que representa al usuario en internet.

El siguiente paso es entender qué supone realmente esta identidad. En este sentido, las empresas pueden ayudar al usuario a entender mejor la dimensión real del mundo digital, un mundo que ya cuenta con una entidad propia, que va más allá de ser un simple reflejo del mundo offline.

El papel de las empresas en la regulación

Uno de los grandes retos a los que se enfrentan las empresas es cumplir con la normativa y la regulación actuales en tecnología.

Las dudas que surgieron durante el debate planteaban si las empresas deben adaptarse a la normativa o contribuir a su evolución. Según algunas de las opiniones, las empresas tienen que ir más allá, explicar y comunicar la dimensión real y las implicaciones de las nuevas tecnologías, sobre todo de cara mejorar la comprensión del usuario.

Por ejemplo, con la tecnología actual las empresas pueden permitir el acceso a servicios financieros a segmentos de población underbanked o unbanked, es decir, con poco o ningún acceso a los servicios bancarios, un papel que va más allá de la regulación.

Pero, en cualquier caso, la regulación no debería suponer un freno a la innovación.

La mejora de la experiencia del usuario

La simplicidad también está en el punto de mira de las empresas: el reto es hacer cada vez más fácil el uso de la tecnología. En este sentido, hay que tener en cuenta el proceso de aprendizaje del usuario, que siempre necesita ver claramente los beneficios del cambio para aceptarlo de forma proactiva.

La experiencia del usuario es el principal reto según muchas opiniones, ya que al final el usuario irá donde encuentre una mejor experiencia. La tecnología debe ser lo suficientemente segura para cumplir con la normativa y con los estándares internos de la empresa, pero por encima de todo debe ser usable.

La clave es buscar el equilibrio entre usabilidad, comodidad y seguridad, una tarea compleja pero cada vez más al alcance de la mano gracias a los avances tecnológicos.

El auge imparable de la biometria

La opinión general es que la biometría ganará cada vez más terreno en las tecnologías de verificación de la identidad, pero todavía está por ver qué tipo de proceso será el más eficiente y seguro: reconocimiento de voz, lectura de la retina, de la huella dactilar o reconocimiento facial…

La balanza se inclinará hacia la tecnología biométrica con la que el usuario se sienta cómodo, a la vez que simplifique el proceso y mejore la seguridad.

Compartir datos, una asignatura pendiente entre empresas

El auge de las tecnologías blockchain ha desatado también el debate sobre la compartición de los datos del usuario. Por una parte, se percibe claramente la necesidad de colaborar y compartir esta información, pero por otra surgen las dudas de la responsabilidad última sobre los datos, especialmente en el caso de que haya un problema.

También se duda sobre la información a compartir, si debe ser todo el rastro que deje el usuario a través de su actividad en la red, o bien solo la necesaria para la transacción que se quiera realizar a cada momento. En este punto entran además consideraciones respecto al derecho a la privacidad: ¿Debe registrarse y compartirse todo trazo de información? ¿Dónde trazamos la línea?

Sobre la propiedad de la información en sí, la opinión general es que debe ser propiedad del usuario, y que la tecnología debe garantizarle el acceso a modificar y restringir el acceso a la información en cualquier momento.

Otro factor a tener en cuenta es si, a nivel de cultura corporativa, las empresas están preparadas para este tipo de colaboración. Hay todavía una cierta reticencia a compartir información, por miedo a una pérdida de competitividad.

La conclusión fue que el usuario es cada vez más consciente de que todo tiene un precio, y el precio en el mundo digital son sus datos.

La confianza es la clave

Para que todas estas tecnologías y procesos se implementen de forma satisfactoria, tanto para el usuario como para las empresas, es esencial que haya un fuerte componente de confianza.

Los usuarios deben confiar en la tecnología y en la seguridad que les ofrece. Y las empresas pueden generar esa confianza a través de la comunicación, información y educación del usuario.

En resumen, el debate nos dejó con una gran cantidad de ideas interesantes que, una vez calibradas, nos perfilan el futuro de la identidad digital y las tecnologías de verificación del usuario.