No todo son ciberataques: Los 5 principales riesgos del Big Data

Cada vez generamos más datos. En el 2013 Internet —o para ser exactos, los usuarios— había generado cuatro zetabytes de información, lo que equivale a cuatro mil millones de terabytes. Y el crecimiento de datos es exponencial, ya que cada vez hay más personas generando datos con mayor frecuencia.

Así, los datos se han convertido en «el nuevo petróleo», el combustible que las empresas utilizan para generar negocio. Estas almacenan e interpretan los datos disponibles en la red para llegar a más usuarios y ofrecerle productos y servicios más personalizados, abrir nuevos mercados, hacer test de productos..., sin olvidar el potencial de persuasión de las redes sociales.

Pero el usuario empieza a ser consciente del valor de sus datos, a la vez que crece su preocupación por la seguridad de los mismos.

En este sentido, cuando pensamos en seguridad de los datos en internet, pensamos en ciberataques y en brechas de seguridad. Es cierto que el pasado año los ataques a la seguridad digital empeoraron, así como sus consecuencias. Pero no es lo único que preocupa respecto al almacenamiento masivo de datos. ¿A qué riesgos nos expone el Big Data?

1. La discriminación predictiva

El análisis predictivo puede ser utilizado para tomar decisiones sobre la adecuación de un usuario para, por ejemplo, acceder a un determinado trabajo, un préstamo o una tarjeta de crédito. Es decir, para tomar decisiones por asociación que afecten negativamente a las personas.

El riesgo no está en los datos en si, sino en la interpretación y/o asociación que pueden llegar a hacer las empresas, y en la toma de decisiones automática o basada en criterios poco lícitos. ¿Pueden llegar a discriminarse usuarios por una predicción hecha por un algoritmo? En este sentido, las empresas tendrán que llevar a cabo un esfuerzo para evitar despersonalizar las decisiones, y equilibrar el análisis predictivo con la atención personalizada.

2. La pérdida de anonimato

Cada vez es más difícil, para el usuario común, llevar a cabo una acción online sin asociarla a su identidad. Necesitamos identificarnos para prácticamente cualquier cosa. De hecho, cada vez es más difícil para las empresas anonimizar los datos de forma que no se pueda re-identificar a las personas, ya que generamos una ingente cantidad de información que se pueden cruzar y conectar.

La clave para las empresas será la implementación de sistemas de seguridad que garanticen la privacidad y seguridad de los datos, y la capacidad para generar confianza en los usuarios. Por parte de los usuarios, cada vez se educa más en limitar la cantidad de información personal que se vuelcan en la red.

3. El uso gubernamental

Los gobiernos almacenan cada vez más datos personales de los ciudadanos: nombre, raza, sexo, lugar y fecha de nacimiento, números de Seguridad Social, de carnets de conducir, de teléfono, fotografías, huellas dactilares, información financiera... E incluso tendencias sexuales o afinidades políticas.

Aunque quizás no esté en el top 1 de las preocupaciones de los usuarios, el uso inapropiado de esta información es un peligro muy real en ciertos países. Los casos recientes de los gobiernos de Rusia, China o Australia son solo la punta del iceberg.

4. El negocio de los datos

El Big Data ha generado nuevos modelos de negocio, algunos de ética discutible, como el negocio de la compraventa de datos. Cada vez más empresas venden datos segmentados enlazados al perfil del usuario, con lo que la empresa compradora puede ofrecer productos altamente personalizados. Así, un embarazo, las tendencias sexuales de la persona o una enfermedad pueden quedar revelados por la publicidad a la que someten a la persona, aunque esta no lo desee y dejándole poco margen para la privacidad.

Aunque Google y otras grandes empresas intentan implementar políticas publicitarias que frenen estas prácticas, el hecho es que cada vez estamos más expuestos, tanto como lo están nuestros datos.

5. Los ciberataques

Aunque, como hemos dicho al inicio del post, no es el único riesgo, lo cierto es que sigue estando entre los primeros puestos de la lista.

La cada vez mayor interconectividad y tráfico de datos hace que incremente también el riesgo de un robo, pérdida, suplantación de identidad... De hecho, el 2017 fue un año especialmente crítico para la ciberseguridad, ya que los ataques fueron los más graves y de peores consecuencias hasta el momento.

Pero, como todo, el Big Data también tiene su parte positiva. Los conocimientos en medicina, química, ingeniería y muchas otras áreas permiten avanzar y mejorar la vida de muchas personas a un ritmo nunca visto hasta ahora. La identidad digital hace visibles a billones de personas que permanecían en el anonimato y las hace menos vulnerables a abusos y explotación. Y para millones de personas y empresas en todo el mundo, supone un motor económico y de desarrollo con un potencial del que solo hemos explorado una parte. Será el uso responsable de la información, empezando por la cantidad y tipo de información que compartimos como personas, y el uso y almacenaje responsable y seguro que hagamos como empresas, lo que definirá el futuro del Big Data.