La biometría, de la gran pantalla a nuestros móviles

En el año 2002 se estrenó la película Minority Report. En ella, el personaje de Tom Cruise entraba en un centro comercial y, a partir del reconocimiento facial por biometría, se le mostraban anuncios publicitarios personalizados únicamente para él. Un futuro que estaba mucho más cerca de lo que parecía, pero que los usuarios veían aún como ciencia ficción.

En el 2017 Apple saca al mercado su sistema Face ID, basado también en el reconocimiento facial por biometría, que permite al usuario desbloquear su teléfono, utilizar ciertos servicios de Apple Pay o pagar compras en iTunes o Apple Store. Un gran paso no solo en la mejora de la tecnología biométrica que incorpora, sino en el hecho de ponerla al alcance de millones de usuarios de todo el mundo.

Solo quince años para pasar de la gran pantalla a nuestros dispositivos móviles. Pero, ¿Estábamos los usuarios preparados para ello? En un post reciente hablábamos del miedo a pagar con el móvil que todavía tienen muchas personas. Si el miedo a que nos roben el password o los datos personales está todavía muy arraigado, este será incluso mayor ante la perspectiva de que nos roben nuestros datos biométricos, y cualquier persona pueda hacerse pasar por nosotros a través de nuestro rostro, huella dactilar o voz.

Pero, como también hemos comentado en ocasiones, este miedo no está tan justificado como parece. Entender el porqué es el primer paso.

El índice de fiabilidad de la biometría está entre el 95% y el 99%. ¿Por qué no del 100%? Aunque la tecnología es cada vez más precisa, todavía existen posibilidades de que los resultados den falsos positivos o negativos.

El resultado del reconocimiento facial por biometría es probabilístico, lo que quiere decir que nos da un porcentaje de probabilidad de que la persona que se intenta identificar sea la misma que tiene almacenada el sistema.

Se suele establecer un límite o umbral para esta probabilidad. Si el límite es muy alto, es decir, pedimos que la coincidencia sea muy elevada para considerar válida la identificación, se puede producir un falso negativo, con lo que un usuario legítimo puede ser rechazado por el sistema. Sería el caso de algoritmos excesivamente estrictos.

Por otra parte, si el sistema establece un límite muy bajo, se puede producir un falso positivo, lo cual es todavía más peligroso. En el primer caso, se trata de una molestia para el usuario legítimo; en el segundo, de un riesgo muy real de suplantación de identidad.

Por este motivo, entre otros, las tecnologías biométricas se combinan (todavía) con otros sistemas de verificación de la identidad, como la contrastación de datos con bases de datos existentes, la geolocalización o el SNA (Social NetWork Analysis). Sin embargo, la investigación en estas áreas apunta cada vez más a un futuro totalmente biométrico, donde tanto el almacenaje de los datos, su seguridad y verificación sean fiables al 100%, permitiendo que el usuario sea su propia identidad en internet.

¿Quieres saber lo que opinan diferentes expertos del sector tecnológico, legal y financiero sobre la biometría y su papel en el futuro de la identidad digital?

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