¿Funciona el reconocimiento facial por biometría?

Somos nuestro rostro. Más que cualquier otro dato, ya sea nuestro nombre completo, los perfile sociales, el DNI o el número de la Seguridad Social, nuestra cara y otros datos biométricos nos identifican inequívocamente.

Como dijo el novelista Frederick Buechner, «me veo forzado a concluir que, hasta un extremo alarmante, yo soy mi rostro.»

Y no va desencaminado: nuestros datos biométricos son los más difíciles, si no imposibles, de falsificar. Incluso alterar tu rostro con cirugía para que no te reconozcan tiene un precio prohibitivo para la mayoría de los mortales, y algunos algoritmos ya aplican factores de reconocimiento de distintas cirugías que se hayan podido aplicar para modificar la apariencia.

En cambio, los datos basados en números y letras se pueden falsificar, con más o menos esfuerzo o habilidad, por lo que no es de extrañar que el reconocimiento facial basado en biometría se aplique cada vez a más sectores. Desde desbloquear un portátil o un móvil, un sistema que se limita al reconocimiento de la cara, a la verificación de identidad, cuando este reconocimiento se utiliza para identificar a una persona desconocida, es decir, se conecta el rostro a un nombre que figura en una determinada base de datos.

Dejamos a un lado las cuestiones legales, que varían significativamente de país a país, y las éticas, que dependen de la aplicación de la tecnología y no de su desarrollo en sí. Lo que nos planteamos es si esta tecnología es realmente funciona.

Aunque hay límites para la identificación facial, tienen que ver con el entorno, como identificar a una persona en movimiento por la calle, a través de una grabación de vídeo. En el caso de los procesos de onboarding, por poner otro ejemplo, las condiciones aumentan la fiabilidad de la identificación, ya que se cruzan diferentes pruebas de identificación con bases de datos existentes y con autenticación de las medidas de seguridad de los documentos.

¿Es el reconocimiento facial por biometría realmente fiable?

Como hemos visto, el rostro está indiscutiblemente ligado a la identidad de la persona. Pero, ¿puede la tecnología asociar la cara a una identidad, un nombre, con suficiente grado de confianza?

Siendo honestos, esta tecnología no es fiable al 100%, pero sí entre el 95 y el 99%. Estudios de reconocimiento facial realizados sobre la base de datos Labeled Faces in the Wild daban un margen de error inferior al 5%. Actualmente los sistemas alcanzan fiabilidades de hasta el 99% según el documento.

En cualquier caso, un porcentaje de fiabilidad mucho más elevado que reconocimiento efectuado por personas. En el 2014 un estudio realizado sobre oficiales de control de fronteras, con formación y entrenamiento específicos para el reconocimiento facial, demostró en el 14% de los casos se aceptaban fotografías fraudulentas.

El último avance de la biometría: la prueba de vida

La tecnología de reconocimiento facial ha dado saltos de gigante en estos últimos años. Sin ir más lejos, el sistema de reconocimiento facial de Android no distinguía en 2014 a una persona viva de una fotografía, e incluso podía dar una correspondencia positiva con personas que se pareciesen lo suficiente.

El fraude por spoofing, uno de los más habituales en internet, ha llegado a falsificar este guiño, mediante la superposición de imágenes con los ojos abiertos-cerrados para crear una secuencia.

Pero afortunadamente la tecnología avanza a un ritmo igual o más rápido: los sistemas actuales detectan el movimiento completo, y por lo que una secuencia no es suficiente para dar una validación positiva.

¿Hasta dónde llega la identificación por biometría?

Y esta tecnología no solo ha afinado el reconocimiento facial. En el 2015 Facebook anunció que su algoritmo podía identificar a las personas incluso en imágenes poco claras o donde no estuviesen mirando. Recientemente, según su departamento de IA, incluso puede reconocer posturas y gestos.

E incluso podemos ir más allá: en Japón un profesor utiliza tecnología de reconocimiento facial para identificar emociones. Concretamente, el nivel de interés de sus alumnos en las clases.

En resumen, la tecnología de verificación de la identidad es mucho más fiable que la identificación manual realizada por una persona, ya que pueden alcanzar un índice de fiabilidad de más del 95%, según el sistema. Además, los sistemas combinan la biometría con el cruce de datos con bases de terceros, lo que dificulta la falsificación o la suplantación de identidad, ya que supone un doble factor de autenticación.