El robo de identidad: el fraude del siglo XXI

identidad. (Del b. lat. identitas, -atis). f. Conjunto de rasgos propios de un individuo o de una colectividad que los caracterizan frente a los demás. Es la definición de la Real Academia de la Lengua Española para la palabra identidad. Sencilla y clara, pero, en el mundo digital e hiperconectado donde vivimos, no responde a la totalidad del concepto actual de identidad. Veamos por qué.


identidad. (Del b. lat. identitas, -atis). f. Conjunto de rasgos propios de un individuo o de una colectividad que los caracterizan frente a los demás. Es la definición de la Real Academia de la Lengua Española para la palabra identidad. Sencilla y clara, pero, en el mundo digital e hiperconectado donde vivimos, no responde a la totalidad del concepto actual de identidad. Veamos por qué.

Más allá de la definición de la RAE, la identidad de una persona se compone, como un puzle, de muchas piezas que se van acumulando a lo largo del tiempo. En primer lugar lo que somos y nos diferencia de los demás, como explica la definición, pero también hay que incluir los datos biográficos, demográficos, legales,…en definitiva, lo que vamos sumando a esa cualidad diferenciadora a lo largo de los años.

Esta identidad creciente se refleja en la numerosa documentación que vamos generando: nuestro nombre, sexo y edad en el Documento Nacional de Identidad o Pasaporte, o las cuentas bancarias y afiliaciones médicas, y hasta nuestra huella digital, entre otros muchos datos, van conformando nuestra compleja identidad.

¿Y nos pueden robar esa identidad? La respuesta es que sí. Los conceptos robo de identidad y fraude de identidad aluden a delitos en los que una persona obtiene y utiliza datos personales de otra persona para su propio beneficio. Y son, probablemente, el delito más extendido en el siglo XXI.

Este tipo de fraude alcanza cifras realmente escandalosas. Por poner un ejemplo que clarifique esta magnitud, y ciñéndonos a un solo sector y país, en el sector sanitario de Estados Unidos, en el año 2013, 1,8 millones* de norteamericanos sufrieron el robo de su identidad en el entorno sanitario. El objetivo es claro: recibir atención médica a nombre de otra persona para no tener que pagar las facturas. Y no todos fueron cometidos por delincuentes profesionales, muchos casos son los propios familiares quienes, conscientemente, intercambian sus identidades para recibir servicios que no tienen contratados.

Otro ejemplo, en Francia, un estudio realizado en 2009 por una entidad de investigación del sector privado, CREDOC, encontró que 210.000 adultos franceses fueron víctimas de robo de identidad cada año, a un costo de cerca de € 4000 millones ($ 6,3 millones) por año a personas, entidades públicas y aseguradoras.

Si analizamos el impacto económico de esta actividad para las empresas vemos que supone unas pérdidas anuales entre el 1% y el 4% sobre su facturación.

¿Qué podemos hacer para evitar este tipo de fraude?
La necesidad de estar seguro de quiénes son sus clientes es fundamental, por ello la validación de la identidad es cada vez más difícil. Está claro que el primer paso es comprobar los datos biográficos, es decir, los que se reflejan en una documentación que la persona lleva consigo. Basta con validar esa documentación para comprobar la identidad y existen métodos tecnológicos que automatizan ese proceso garantizando niveles de seguridad casi infranqueables.

ICAR aporta una solución que permite la identificación automática del cliente mediante la lectura y autentificación de documentos de identidad digitalizando el documento, a la vez que extrae, clasifica y almacena la información en los diferentes repositorios y aplicaciones de la entidad quedando accesibles a tiempo real.

Al mismo tiempo, el sistema detecta hasta el 99% de los documentos de identidad falsos que proporcionan una reducción drástica del fraude de identidad.

Desde ICAR, como expertos en desarrollo de tecnologías de identificación de personas a través de técnicas biométricas, además proponemos una segunda comprobación. Porque, ¿y si la persona que lleva esa documentación real no es realmente su propietario? ¿Y si los documentos no son de esa persona o son una falsificación perfecta? Es necesario dar otro paso: identificar a la persona.

Debemos comprobar que esa persona es realmente quién dice ser. Y sólo se puede hacer, y volvemos al principio de este artículo y la definición de la RAE, con lo que somos. Hay que identificar a esa persona con técnicas biométricas, con los rasgos fisiológicos o de comportamiento que son únicos e inseparables de un individuo, como por ejemplo su huella dactilar, su iris o su voz, entre otros.

Realizando esta doble comprobación, conseguiremos una doble capa de seguridad que evitará en gran medida el fraude por suplantación de identidad: validación de documentos y verificación biométrica de la identidad.


*(Datos del “2013 Surveyon Medical IdentityTheft” del PonemonInstitute