¿Cuál es la mayor barrera a la tecnología Blockchain?

La primera respuesta que nos viene a la mente es que hay más barreras de las que imaginamos, como sucede con cualquier cambio con el potencial de transformar no solo un sector, sino las bases de la economía y de la sociedad en general.

Según Bob Greifeld, Chief Executive de Nasdaq, «la tecnología Blockchain continua redefiniendo no solo cómo opera el sector, sino toda la economía financiera global».

Así, aunque los beneficios de esta tecnología están bastante claros para el sector financiero, la implementación real es otro tema, en gran parte debido a la compleja relación entre normativa y tecnología.

La normativa siempre ha ido a remolque de los avances tecnológicos (había que decirlo). A menudo intenta adaptarse a marchas forzadas, y a veces simplemente lastra la implementación o incluso la salida al mercado de nuevas tecnologías.

Y en el caso de la tecnología Blockchain no estamos hablando de una normativa estatal, ni tan solo europea. La legislación que regule este sistema debería ser internacional, para cubrir las operaciones y transacciones realizadas desde cualquier punto, y hacia cualquier punto, del planeta.

Pero, ¿cuál es el problema subyacente a esta lentitud reguladora? Quizás no es tanto la complejidad normativa en si (que la hay, no lo negaremos, pero también hay expertos muy capacitados para ponerse manos a la obra), sino el cambio de mentalidad que implica.

De forma muy resumida, la tecnología Blockchain consiste en una base de datos distribuida que incluye una lista de registros ordenados en constante crecimiento y actualización. Estos registros se almacenan de forma segura y privada, y constituyen un inmenso historial de todas las transacciones, inversiones, operaciones, contratos…, y cualquier operación financiera que tenga un rastro digital.

Así, la esencia de esta tecnología es la compartición de información. El problema es evidente, ¿no? Los conceptos tradicionales de «mi cliente y mi información» como eje central de la competitividad dejarán de funcionar. Se producirá no solo una descentralización de la tecnología, sino una descentralización de la información y de las operaciones. Una pérdida del control (sic).

La competitividad pasará por compartir. Pero, ¿están preparadas las empresas y el sector para el cambio de mentalidad que esto supone? ¿Y las personas?

Aunque, si hacemos caso de las palabras de Robert Sams, fundador de la londinense Clearmatics, «en los mercados financieros siempre hay un mecanismo para corregir un ataque. En Blockchain no hay mecanismo para corregirlo —la gente tiene que aceptarlo».

Nuestra apuesta es que la tecnología Blockchain se impondrá, y habrá que aceptarla junto con los cambios que comporte. Y serán cambios, esperamos, que nos beneficiarán a todos.